Se ha escuchado hablar del Blue Monday o Lunes Triste, el cual se celebra el tercer lunes del mes de enero, y es considerado el día más triste del año de acuerdo con Cliff Arnal, investigador de la Universidad de Cardiff (Reino Unido), quien adjudicó este término en 2005. Para llegar a esta conclusión utilizó una fórmula en la que tuvo en cuenta como variables el clima, el salario, las deudas, el tiempo transcurrido desde Navidad, el tiempo transcurrido desde haber fallado en los propósitos de Año Nuevo, la motivación y lo que él denominó la “necesidad de reaccionar”.

Estos estudios son considerados pseudociencia y han sido enormemente criticados relacionándolos como estrategia de ventas para agencias de viajes quienes promueven la organización de estos para visualizar actividades positivas que ayuden a superar esta tristeza producida en este día específico.

¿Qué hay de cierto en estos estudios?

La fórmula desarrollada por Cardiff no está comprobada para determinar que el tercer lunes del mes de enero de un nuevo año es el día más deprimente de la humanidad, pero las variables tomadas en cuenta son factores que aumentan la posibilidad de depresión en una persona.

El psiquiatra Enrique Camarena Robles asegura que en diciembre gran parte de la población compra mercancías en forma exagerada, sin pensar en ahorrar. Además, Navidad y Año Nuevo son fechas con carga emotiva que a menudo provoca depresión:

“Las celebraciones decembrinas marcan el fin de un ciclo y, si las cosas no marcharon del todo bien durante el año, es común que se experimente cierta frustración y decepción; lo mismo sucede cuando el futuro luce complicado”.

Los factores ambientales también intervienen en nuestro estado de ánimo. En verano, por ejemplo, se incrementan los cuadros de manía, pero en el invierno los primeros lugares son para la depresión. Esto es científicamente conocido como Trastorno afectivo estacional (TAE).

Los expertos creen que en el TAE la depresión está desencadenada por la respuesta del cerebro a la disminución de la exposición a la luz natural.

Las teorías actuales se concentraban en el papel que podrían tener dos sustancias químicas específicas en el cerebro: melatonina y serotonina que ayudan a regular los ciclos de sueño-vigilia, la energía y el estado de ánimo.

“Cuando las noches se hacen más largas durante el otoño, los niveles de la proteína transportadora de serotonina aumentan, lo que resulta en la disminución en los niveles de serotonina activos” (Brenda Mc Mahon, investigdora principal del estudio).

Aunado a esto, al iniciar el año muchos de nosotros nos hacemos propósitos que en ocasiones salen de nuestro alcance, esto se debe a que para poder crear un hábito es necesario repetirlo durante 21 días seguidos (tres semanas), lo cual, en la mayoría de los casos, las personas desisten antes de este tiempo pues sus hábitos regulares predominan, por ejemplo: crear el hábito del ejercicio cuando no es una actividad que se realiza comúnmente, comer sano requiere tiempos de preparación de la comida cuando siempre se ha optado por comidas rápidas.

Estas deserciones paulatinas de nuestros propósitos nos llevan a percibirnos incapaces de lograr lo que nos propongamos y predomina el sentimiento de desesperanza ante el cambio.

Entonces…¿no es posible adaptarnos a nuestros propósitos y evitar la depresión estacional?

Claro que es posible cumplir nuestras metas y crear hábitos nuevos que nos lleven a nuestros objetivos de cambio, es recomendable huir del sedentarismo practicando algo de ejercicio, tratar de dormir las 8 horas recomendables, marcarse unos tiempos para levantarse, acostarse y para las comidas; pero sobre todo fijarse una serie de objetivos realizables a corto plazo que nos den la sensación alcanzar nuestras metas.